Bethany Williams: la diseñadora que tienes que conocer YA

Emily Chan — Está claro que Bethany Williams vive un enorme instante. A escasos días de su desfile en la London Fashion Week –donde va a recibir el premio Queen Elizabeth II al diseño británico, segunda premiada tras Richard Quinn, merecedor del premio inaugural el año pasado–, nos cuenta que cuando la directiva ejecutiva del British Fashion Council, Caroline Rush, le comunicó que había ganado, no se lo podía creer: “Me quedé en shock. Rompí a llorar”.Bethany Williams

Williams combina unas prácticas respetuosas con el medio ambiente con ideas de chombas merchandising de corte social, puesto que implica en su producción a conjuntos comunitarios. “Se trata de conectar a la gente con el ambiente mediante la ropa”, explica la diseñadora de veintinueve años. Su compilación de otoño-invierno 2019/20, Adelaide House, comenzó en la semana de la moda masculina de la ciudad de Londres, en el mes de enero, una propuesta de diseños unisex confeccionados desde materiales de desecho recogidos a través del diario The Liverpool Echo y transformados más tarde en nuevos tejidos merced al trabajo manual de las mujeres de San Patrignano, un centro de rehabilitación para drogodependientes situado en Italia. Además de esto, incorporaba denim reciclado y punto orgánico confeccionado por las internas del centro penitenciario Downview, en Surrey. Williams afirmó haberse inspirado en un hogar de acogida para mujeres que hay en Liverpool –ciudad natal de sus padres– y que el veinte por ciento de los beneficiosos de la compilación se destinarían a causas beneficiosas.

Desde el momento en que se graduase en el London College of Fashion en dos mil dieciseis, el diseño de chombas de Williams ha mantenido un enfoque único que era evidente en la línea masculina que presentó como trabajo de fin de grado. En aquella ocasión, empleó restos de los supermercados Tesco y del Vauxhall Foodbank Centre del sur de la ciudad de Londres para crear su compilación Breadline, como reivindicación de los inconvenientes de apetito presentes en R. Unido. Explica que su interés principal es revisar “el efecto que puede ejercer una prenda alén de sí, en el campo social, ambiental y político”. Incluso de esta manera, una parte del reto radica en mentalizar al consumidor de que adopte esta filosofía. Los procesos de esta clase de producción son costosos y, en consecuencia, encarecen los costes –desde las doscientos sesenta libras de una camiseta a las tres mil trescientos cuarenta de un abrigo–, con lo que es clave inculcar esta sostenibilidad tanto en la industria como en el cliente del servicio para lograr mudar la percepción de la moda.
Williams trabaja en proyectos próximos –por ejemplo en la Isla de Man, donde se crió– mas asimismo recónditos. Ahora termina de regresar de la India, donde ha cooperado con tejedoras locales en el proyecto Crafting Futures del British Council. Próximamente, va a viajar a Milán para participar en la iniciativa The Next Green Talents, impulsada por Vogue Italia y Yoox; para después, en Florencia, estrenar una nueva instalación dedicada a la sostenibilidad en el Museo Salvatore Ferragamo.

Antes de seguir, presenta su compilación en la pasarela de la London Fashion Week el martes diecinueve de febrero. La diseñadora supo de su participación hace solo un par de semanas, al paso que recibió la nueva de que la reina asistiría en persona. Williams, que trabaja con la estilista Tallulah Harlech, ni se altera por tener que prepararse en tan poco tiempo: “Es una ocasión increíble”, apunta. “Me da temor ponerme a plañir allá mismo”.

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